KAFIKA no nació de la nada. Se fue cocinando a fuego lento en esas conversaciones que solo se tienen entre amigos de toda la vida, cuando el reloj deja de importar y las ideas fluyen con verdad. Fuimos conscientes, en algún punto, de que seguir por el camino seguro era condenarnos al silencio. A vivir sin compartir lo que en realidad queríamos contarle al mundo. Y había mucho que decir.
Lo entendimos con claridad cuando empezamos a trabajar en empleos convencionales. Desde fuera todo parecía correcto, estable. Pero dentro bullía una sensación compartida: no podíamos pasar los próximos cuarenta años ignorando nuestras pasiones. El arte, la música, el diseño, la escritura. Todo eso seguía latiendo. Era momento de escucharlo.
Una botella con muchas notas dentro
No queríamos crear solo una marca. Queríamos encapsular nuestras vivencias, valores y visiones en un solo frasco. Diseñar productos con alma, experiencias que no se compran, que se viven. Una oda a lo humano, a lo artesanal, a lo real.
Así, a comienzos de 2024, decidimos comenzar. Empezamos por lo más esencial: nuestras ideas. Bocetamos productos: sudaderas, camisetas, joyas, gorras… Pero nada de plantillas ni producción en masa. Todo debía estar a la altura de lo que sentíamos. Alta calidad, materiales sostenibles, detalle al milímetro. Buscar proveedores fue un quebradero de cabeza constante, porque no nos valía lo "normalito". No era una opción.
Paralelamente, mientras diseñábamos cada artículo, nació el universo visual de KAFIKA. Logo, colores, tipografía, tono... Cada decisión fue personal y medida. Porque no queríamos vestir bonito, queríamos contar algo verdadero.
El otro lado del arte: el que no se ve
Montar una empresa desde cero es una aventura que roza lo épico. Plan de empresa, presupuestos, desarrollo web, análisis de viabilidad, estatutos legales, CIF, trámites bancarios, administración, notaría, Hacienda… Y un largo etcétera. Lo que muchos ven como un lanzamiento, nosotros lo vivimos como un maratón.
Pero además, no veníamos del mundo textil, ni del de los viajes, ni del e-commerce. Así que cada paso fue ensayo-error, aprendizaje constante, adaptación forzosa. Nos tocó construir, corregir, volver a empezar. A veces de cero. Y no, no nos conformamos con eso.
Queríamos más. Y lo hicimos.
No nos bastaba con productos únicos. Queríamos algo irrepetible. Fue entonces cuando surgió la idea de ofrecer experiencias exclusivas a lo largo del año. Viajes curados, pensados al detalle, con aforo limitado. Propuestas que solo los miembros de nuestra comunidad podrían vivir. No como clientes, sino como parte de algo más grande.
Todo esto implicaba más logística, más tiempo, más recursos. Pero nunca hubo marcha atrás. Nos sostenía una convicción pura.
Y llegó el momento
Después de meses de dedicación total, de vivir KAFIKA en cada conversación, cada diseño, cada noche sin dormir, el 22 de abril de 2024 firmamos oficialmente la constitución de la empresa. Y el 20 de julio será el día en que todo salga a la luz. Todo estará listo. Por fin.
¿Por qué contar esto?
Porque detrás de cada pieza que lanzamos, de cada viaje que proponemos, hay una historia que merece ser conocida. La de quienes dejaron la comodidad para apostar por lo que sienten. La de quienes decidieron hacer las cosas de otra manera. Con alma. Con respeto. Con verdad.
Este es solo el primer capítulo. KAFIKA no es un producto. Es un mensaje. Una comunidad. Una nueva forma de estar en el mundo.
Y si estás leyendo esto, ya formas parte de ella.